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Rafael Moneo será el sexto arquitecto que cuente en su currículo con el Premio príncipe de Asturias de las Artes, según ha decidido esta mañana el jurado reunido en Oviedo. Moneo suma así el premio a los grandes reconocimientos de su carrera (premios Pritzker, RIBA y Mies van der Rohe) y se une al club de colegas que han sido homenajeados en Asturias: Niemeyer, Sáenz de Oíza, Foster, Calatrava…
El nombre de Sáenz de Oíza sirve para entender el valor de la figura del arquitecto navarro (Tudela, 1937), ya que una de las claves de su carrera fue la de dar continuidad al trabajo de los grandes nombres de la Escuela de Arquitectura Madrid en la posguerra (el propio Oíza, De la Sota…) y llevarlos a otro lugar. Moneo fue siempre un arquitecto con un conocimiento enciclopédico de su arte, que abrió puertas al campo al incorporar modos y elementos de la arquitectura organicista del norte de Europa.
“Es una profesión hermosa, pero difícil también, que se pregunta continuamente por la razón de la forma”, ha manifestado Moneo en el día de su 75 cumpleaños, que ha llegado con un regalo inesperado. “No tenía la más remota idea de que era candidato; lo había sido en otras ocasiones. Pero pasada la fiebre de aquellos años, había entendido que mi turno para ser Premio Príncipe de Asturias había pasado”, ha confesado, antes de calificar su obra de “serena y pulcra. Son adjetivos que me gustaría que se correspondieran de verdad con mi trabajo. [Prefiero] las arquitecturas que no son imperiosas, que no se imponen inevitablemente a quien las usa, y que por el contrario, tienen esa condición discreta de forma que, tan solo quien busca, encuentra la consistencia arquitectónica”.
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